El estrés
El estrés es la respuesta natural de nuestro organismo ante situaciones que se nos hacen amenazadoras y desafiantes. Los cambios internos y del ambiente exigen adaptación en forma constante, por lo cual el estrés es necesario. De este modo, hay un proceso de interacción entre las exigencias del entorno y nuestra respuesta emocional, física y cognitiva.
El problema que acarrea el estrés es que, cuando se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud, nuestro trabajo, estudio, pareja o los vínculos en general, pueden verse afectados. Para prevenirlo, debemos mantenernos atentos al aumento de tensión y los estímulos que lo provocan equilibrando las exigencias internas y externas.
En ocasiones, está relacionado con la acumulación de situaciones que nos generan estrés y que, en determinado momento, nos hacen explotar llevándonos al límite.
La forma en que interpretamos lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés, es decir, como interpretamos las situaciones que vivimos es fundamental para crear o potenciar una reacción negativa de estrés y no tanto el evento en sí. Cuando amplificamos el nivel de estrés se convierte en ansiedad.
Síntomas de estrés
A nivel emocional, la aparición de ansiedad, irritabilidad, miedo, ánimo cambiante o confusión. En el área de pensamiento, la excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, preocupación por el futuro y excesivo temor al fracaso.
En la esfera conductual, dificultades del habla, llanto, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco hacia los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas; además, aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; también mayor predisposición a accidentes y enfermedades o aumento o disminución del apetito.
Se pueden producir cambios físicos tales como contracturas, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cervicales, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca, etc.
Estrategias de afrontamiento
1. Relajarse a través de actividades que te renueven la energía como el descanso, ocio, deportes y técnicas de relajación.
2. Hacer actividad física para reanimarse como caminar, nadar, correr o hacer gimnasia.
3. Mantener una dieta saludable que evite el abuso de comida, bebidas, drogas o la medicación innecesaria.
4. Comunicarse en forma asertiva, aprendiendo a decir “no” si es conveniente o marcando límites; expresando con claridad las necesidades.
5. Administrar el tiempo, sabiendo discriminar prioridades y diferenciando lo importante de lo accesorio.
6. Conservar expectativas realistas porque esperar demasiado de uno mismo o de los otros y exigirte perfección, conlleva segura frustración.
7. Establecer lazo social y compartir emociones.